De lo que se trata es de obligar, buscando la protección de Bruselas si llegara a ser necesario, al Ministerio del Interior, a poner bajo vigilancia policial, o por la Guardia Civil, in situ, los votos por correo, en las próximas elecciones generales.
Pero es que, de eso es, de lo que los partidos políticos, menos el PSOE, podrían volver a verse perjudicados en el presente, como lo fueron, según la prensa, en el pasado. Si quienes sabrían hacerlo bien no lo están haciendo ya, deberían darse prisa, para comenzar a tratar con las autoridades de la Unión Europea, a viva voz, alta y clara, para enterarnos todos los españoles como se ha de hacer las cosas de gobierno, en beneficio generalizado.
Señores Feijoo y Abascal, que no se la vuelvan a dar de pardillos los rojos, que todos van a ello, desde PSOE hasta Podemos –estar a punto de desaparecer- y sabido es que son golfos que están acostumbrados -y así se lo ha venido permitiendo la Derecha… ¿por qué? ¡Claro! El bipartidismo… ¡Que viene VOX! - a jugar al “hijoputa” con las cartas marcadas, cosa que se carga la gracia del juego.
Mi padre nos decía a mis hermanos y a mí: “hijos de mi corazón, debéis ir por la vida de buenas maneras, disfrutando el divino libre albedrío, lo que no impide hacerlo respetando los derechos de los demás -y con el mismo empeño los propios- conociendo la diferencia que existe entre comportarse como una buena y decente persona, sin rebajarse, o haciéndolo auto desvalorizado, permitiendo gilipollescamente que los aprovechados, viendo flojedad, puedan ser capaces de sacar la chorra con la intención de mearos”. Y hasta de hacerlo.
Eso, mearnos y hasta defecarnos en el bolsillo (el tiempo nos dirá) a todos los españoles. Y es que parece ser el juguete con el que se divierte el presidente de este gobierno y, hasta podría ser posible que algo parecido a esto
es lo que le gustaría al Jefe de la Mafia Sánchez poder ofrecerles a “los nietos” de aquellos españoles que huyeron, como enrabietadas ratas sarnosas, alguno con las manos aún manchadas de sangre de la monja, o del sacerdote, o del feligrés -¡o de los tres, recién asesinados!- por miedo a las represalias por los asesinatos cometidos, se establecieron, la mayoría en Hispanoamérica (Argentina, México, Chile, Venezuela) y la Unión Soviética. Y algunos, no muchos, en Francia.
La consecuencia de que 220.000 rojos de la peor especie huyeran de España es que, pasados 87 años resulta que nos han aparecido, «por arte de birlí birloque» 2,4 millones de nietos de… tal gente. 2,4 millones más, que podrán pasearse por todos los países de la Unión. Pues… Mia tú, que lo disfruten.
Eloy R. Mirayo.
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