viernes, 1 de mayo de 2026

A QUIEN QUE NOS QUIERA ESCUCHAR.

Lo que fuimos viendo, sintiendo y sufriendo desde noviembre de 1975 hasta la “okupación” de la Moncloa por Pedro Sánchez en junio de 2017, es lo que nos ha valido a los españoles para, como si fuera una carrera universitaria, ir viviendo, asimilando sus consecuencias de las ocurrencias que los políticos en el poder de ¡de las tres chunguideológicas… si ¡coño! de las tres! -la primera la de los traidores al Régimen del Glorioso Movimiento, honor por el que lucharon, y muchos de aquellos padres murieron con la esperanza, no defraudada, de una España mejor para sus hijos. La segunda fue la de los del GAL de Felipe X, y la tercera, hay que joderse la desgracia que nos empapó, la de Rajoy con su cuadrilla- de las ideologías habidas hasta la fecha, a diario hasta alcanzar, que no creo que haya quien me lo discuta, el doctorado en “Impértirricia”. Y es que no ha existido otro estado de ánimo mejor que el aprendido entre aquellas dos fechas (1975-2017) para aguantar los últimos, más o menos nueve años, siendo español, y viviendo en España –sin olvidar a los extranjeros prácticamente naturalizados e igual de sufridores, aguantando los tan duros sufrimiento con los que a diario se nos riega-, que aguantar esta  podredumbre “sanchicida”, impertérritos en la mayor medida que pudiera ser medible.

¿De verdad? ¿de verdad esa es la actitud? ¿impertérritos? No; por muy fría y obscura que se nos presente la noche no dudéis que… “Volverá a reír la primavera, que por cielo, tierra y mar se espera. Arriba escuadras a vencer que en España empieza a amanecer”. Y es así, porque así ocurrió con el Generalísimo Franco, y demostrando su inteligencia, echando mano de todos -azules y rojos-, de nuestra capacidad de rendimiento cuando bien se nos dirige y bien se nos equivale. Y eso, una España Grande y Libre -sin paro, sin deuda y con muchas toneladas de oro puro, sustituto de El oro de Moscú -¿el mayor robo de la historia llevado a cabo por la Izquierda?-, y plata de igual pureza en los sótanos del Banco de España-, fue lo que conseguimos, sin ayuda externa, y él agarrado con fuerza al timón, eligiendo con total acierto la ruta…

¿Será posible después de tanto destrozo encontrar la senda y volverla a utilizar? Digo yo -aquí, ahora mismo no hay otro- lo primero sería encontrar a alguien que quisiera, por encima de todo lo demás, a España, y a todos los españoles y a los extranjeros que de verdad se han españolizado. ¿Conocemos a alguien así? Pues si es que conocemos a alguien que sí, de entre los que en unas Elecciones Generales se presentan, no solo es que pensemos en votar a su favor, sino que también hemos de aconsejar hacerlo -sin remordimiento por representar una buena nación- a cualquiera que nos quiera escuchar.

Eloy R. Mirayo.


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