miércoles, 26 de octubre de 2016

¡OTRA MÁS DE PACO!.

Hoy, como otros muchos días, los medios de información del país han dado con la "tecla". Y, aparte de los escándalos variados con los que nos obsequian a diario los políticos -lo que ya no nos sorprende- los medios, tanto los escritos como los audiovisuales, han encontrado la veta aurífera que tiene en ascuas al inculto gentío: la polémica levantada por la Iglesia Romana, en cuanto lo que se debe hacer con las cenizas de quienes, una vez muertos, han sido incinerados.

No ha habido una sola emisora de radio que se precie, que no haya tomado el rábano de la noticia por las hojas. Todas, al menos las que me hacen escuchar, han abierto sus micrófonos al personal farandulero de a pie, para que cuenten a la ávida escucha, la gilipollez que han cometido contra las cenizas de sus difuntos. Hablo de la gilipollez cometida porque, quienes hayan actuado con las cenizas de sus seres queridos con la normalidad de las personas inteligentes, no es materia que interese más que, a las personas normales e inteligentes.

Ya nadie sabe vivir fuera de la polémica. 

No es que al rededor de la Iglesia católica no estén abiertas ninguna clase de polémicas;  lo que ocurre es que, para el Papa Francisco, las muchas polémicas con las que se ataca a su Iglesia -la misma a la que pertenecemos muchos millones de personas- por ser tan viejas, le deben aburrir y, buscando diversión y entretenimiento, de vez en cuando saca un conejo del fondo de la chistera.

Esta vez, con el conejo circense, el Papa Francisco ha soltado, como buen argentino, un montón de palabras, pero no ha dicho nada nuevo; nada que no supiéramos los católicos de base. Todos sabemos que nuestra Iglesia prefiere que los difuntos sean dados a la tierra. Todos estamos enterados del respeto que debe guardarse por los difuntos.

Es cierto que alrededor de las cenizas funerarias se ha levantado todo un mundo mercantil y un mucho circense. Hay funerarias que entregan a los deudos una gema, 

haciéndoles creer que en eso es en lo que se ha convertido su difunto (muchas, después de contarles varias veces, pensaran que son pocos de familia para hacerse un collar).

Hay explicaciones que deberían ser profundamente meditadas, para determinar si se dan o no: Aunque la Iglesia admite que "no ve razones doctrinales" para prohibir la cremación... la cremación del cadáver no toca el alma y no impide a la omnipotencia divina resucitar el cuerpo.

Hace muchos años un sacerdote, por no meditar lo que iba a decir, en una polémica que debería haber evitado. Alguien que ni recuerdo ni viene al caso, saco el tema raro del "pecado original". Después de divagar en cincuenta direcciones sin salida, no fue capaz de explicar cómo es posible que un crío salga del vientre materno cargado con un pecado, ni suyo, ni de sus padres pues Dios dijo aquello de "creced y multiplicaos".

Algo así es lo que malamente ha explicado don Ángel Rodríguez, sin explicar lo que quiere decir la conservación de las cenizas en el hogar solo se contemplará "en casos de graves y excepcionales circunstancias", o cuando una persona lo pida "por piedad o cercanía". Muchas de las cosas estúpidas que se hacen con esas cenizas, precisamente, se hacen por piedad o cercanía con el difunto.

Si no se tienen la ideas claras, lo mejor que se debe hacer es permanecer callado porque, si nos agarramos a lo que el Papa Francisco ha firmado, como forma de comportamiento por los fieles en cuanto su que hacer con las cenizas familiares, lo cierto es que los bestias seguirán haciendo bestialidades y los inteligentes se seguirán comportando con normalidad. 

Ahora lo que sí ha conseguido el Representante de Dios en la tierra es que los periódicos, radios, televisiones, y los rojos anticlericales, hagan mofa y befa de la Iglesia Católica.

¡Otra más de Paco!

Eloy R. Mirayo.

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