lunes, 29 de septiembre de 2014

LOS ENANITOS SE CUIDARON DE TROCEARLA.

Este país que está suplantando a España, se ha convertido en una gran cagarruta fea y maloliente, pero muy original. Sus peculiaridades políticas, madre de escandalosas trampas e  incontables enjuagues institucionales, están consiguiendo que cada día se parezca más  al caótico plató donde se esté rodando una "película de chinos".
 
Esta superficie que cada día pisamos con cierta mueca de asco, cuando era España, fue un Estado donde ejercía con la debida autoridad que dignifica el cargo, un HOMBRE; un autentico Jefe de Estado. Esa es la grandísima diferencia que hay entre España y este país, amen de los "chorizos" (no culares de Salamanca) que cada día brotan como setas tras la lluvia.
 
Teóricamente en este país, también hay un Jefe de Estado, (¡lo juro!) pero tan recortado en sus atribuciones, que ni siquiera le han dejado la posibilidad de defender la integridad de su Estado; de su Reino. 
 
Imaginemos que a un listillo -de esos que tanto abundan-, encargado general de uno de los hipermercados Mercadona o director de una de las sucursales del banco Santander, les hicieran saber a don Juan Roig y a doña Patricia Botín, que les segregan de la firma, y que se la van a apropiar, porque antes de pertenecer al banco cántabro y a la firma levantina, los terrenos eran propiedad de un antepasado que vivió hace más de seiscientos años.

¿Permitirían la señora Botín y el señor Roig  que alguien intermedio, un asalariado, les prohibiera tomar las lógicas medidas que impidieran ese desafuero? No; por supuesto que no lo permitirían, sino que personalmente con la ayuda de la Ley, pondrían al "fresco" en  la puñetera calle o, si la cosa fuese más grande (fraude económico) en la fría celda de una prisión (ahora ya tienen calefacción).
 
Al anterior Jefe de Estado -y ahora a su heredero- de este país, los enanitos, subiéndose  unos en los hombros de otros hasta alcanzar la altura suficiente, no les permiten defender el Estado del que dicen que es el Jefe, mientras que uno de esos enanitos le quiere robar un trozo de lo más sabroso.
 

A un familiar postizo le pregunté por el estado de su madre, a la que por mal riego sanguíneo le habían amputado las piernas por encima de los tobillos. "Hola Pepe (es cierto que se llamaba así) ¿como está tu madre". "Parece que va mejor pero, chico, cachito a cachito, me la están dejando en ná". Pepe era bastante burro.
 
Alguien ha escrito "La sencillez con que la Generalitat ha planteado su deslealtad con el Estado y la Constitución facilita la respuesta del Gobierno de la Nación".
 
Esa larga oración de la editorial del ABC, adolece de tres errores de gran calibre. El primero es que desde un periódico que se edita en la parte del país que se expresa en castellano se debe hablar y escribir, Generalidad. La segunda es que, habiendo otras generalidades, se debe citar de donde. Y la tercera es, citar la Nación como si de verdad existiera.
 
No señor editorialista; no existe la Nación, por que los enanitos, aquellos constitucionalistas, se cuidaron de trocearla a capricho de su desamor a la Patria de todos los españoles. No se puede decir de un puñado de fragmentos de cristal que sigue siendo el vaso que era antes de haberlo reventado contra el suelo.
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