martes, 4 de febrero de 2014

UNA ANTIGÜEDAD NO MUY ANTIGUA.

 ¿A que espera toda la población reclusa para exigir el indulto a las sentencias que les fue aplicada por sus fechorías? Si, hombre; si nos encontramos en el país Jauja, para toda laña de delincuentes.

El prevaricador ¿juez? Garzón, ha sido recién indultado y una legión de sinvergüenzas, políticos, abogados y tal y tal, solicitan a voz en cuello por su indulto, con la esperanza muy fundada de disfrutarlo, muy bien aderezado con los beneficios de sus delitos.

Es cierto que las cosas han cambiado y que unas sustituyen a otras, en algunos casos solamente con el cambio del celofán que las envuelven. En la no muy antigua antigüedad la aristocracia, que englobaba a toda la Nobleza Titulada y a sus amantes y amantas, era la dueña; la puta ama de vidas y haciendas sobre la superficie terrenal, dejando a los demás seres humanos, rebajados a la consideración de siervos, un solo peldaño por encima de los animales domésticos -menos el caballo que era muy superior- que ni siquiera eran "dueños" de sus propias familias, si a un miembro de la Aristocracia, salvando la distancia, le apetecía (lo que se consideraba un honor que se le hacia  al siervo), su mujer o sus hijas; haciendo valer el "derecho de pernada", que ellos mismos se concedieron -intuyo que algún aristócrata maricón, ahora gay, tampoco haría ascos de los hijos-.

¿Alguien se atrevería a asegurar que los tiempos en los que vivimos son distintos? Claro que no;  el único cambio es el cascarón, lo de dentro está igualmente podrido. Las líneas discurren por los mismos cauces, lo que ha cambiado son los individuos que circulan por ellas. Los duques, condes, marqueses, barones y gentilhombres, han perdido el sitio en favor de banqueros horteras con gorrilla de marca automovilista, políticos sin honradez ni principios, estraperlistas del suelo y del ladrillo, a los que, en algunos casos, acompañan miembros de la fiscalía y de la judicatura.

Fuera de esa macabra estructura, el vacío mas sobrecogedor. No existe negocio grande, mediano o pequeño que no pase por el interesado tamiz de los políticos o banqueros. Ahora no introducen su miembro en las entrañas de las mujeres de los siervos, escalón recuperado
hacia abajo desde la muerte de Franco, pero joden casi igualmente, cundo les viene en gana, o cuando ven algo que ha medrado fuera de su vigilancia.

Los reyes lo pasaban teta fornicando a bragueta supersónica sumergidos en la inmunidad; los aristócratas hacían lo propio y el pueblo vivía viéndolas venir y ahora ¿Qué? Pues, todo sigue igual que en la antigüedad no muy antigua.

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