viernes, 6 de enero de 2012

TODA ESPAÑA.


Hoy me propongo ser muy bueno, ya que espero la visita de los Reyes Magos y pretendo que este año no me traigan, como el año pasado, solamente carbón. Hace algunas centurias, cuando fui niño, este día era el de más expectación del año. Con mis hermanos mayores hacíamos planes con los regalos que cada uno de nosotros habíamos pedido a sus majestades de Oriente. Hoy, algunas centurias más viejo, solamente les he pedido a los Reyes Magos, que no se traigan consigo a sus yernos, que es baladí.

Y, a modo de posdata, por si lo tienen a bien, les he pedido un buen montón de cordura, para repartirla por toda la “Piel de Toro”, a ver si sus habitantes comprenden de una puñetera vez que “ser español es una de las pocas cosas importantes que se puede ser en el Mundo”. Por último, y no por ello deja de ser lo mas importante, abusando de su paciencia y bondad, les he pedido trabajo para que esos cinco millones de españoles que están en el paro, puedan ganarse honradamente la vida y, ya que este año no han podido escribirles la carta con las peticiones de sus hijos, lo puedan hacer el año que viene y sucesivos, después de que la familia haya bien comido y bien cenado y pagadas sus obligaciones económicas.

Y, ahora, a esperar los resultados.

No se si a lo largo de este año largo que mantengo con vosotros esta larga conversación, no se, repito, si se me nota que quiero a España, TODA ESPAÑA, con toda el alma; con todo el corazón; con toda la fuerza de mi sangre y de manera totalmente inteligente, hasta donde llego. La conozco casi entera, en sus capitales provinciales, y en muchos de sus pueblos. Me encanta Galicia; asomarse desde el faro de Finisterre al Océano, es una visión que jamás olvidaré, como no podré olvidar los bocadillos de tortilla española acompañándola con un buen albariño en la calle de los Olmos; ¡ay los mariscos…! Y ¿Qué decir de Andalucía?  Sevilla, Torre del Oro, los Reales Alcázares, la  Giralda, esa hermosa torre de la catedral, el Real de su feria, el “pescaíto frito” y las copas de manzanilla –he dicho las copas, en plural-, el Parque de María Luisa y la plaza de España… Granada ¿Ze pué aguata eza Graná? La Alhambra y el Generalife, ¡qué maravillosa sensibilidad, qué gusto por el bien vivir, cuanta belleza!  Quise comprarme un turbante y quedarme allí, pero no me dejaron; ¡oh, Sierra Nevada! y en ella, Cazorla ¿se puede pedir más: esquí, caza y playa…  Málaga, la calle Larios, y en ella un bar en el que te puedes tomar unos langostinos que más bien parecen Miuras; Ronda, Arcos de la Frontera con su balcón de ¡Coñó!, exclamación que se te escapa cuando te asomas en el. Cádiz, la Tacita de plata ¿habéis visto playas de arena más fina y blanca? “quien no ha visto toros en Jerez de la Frontera, no puede decir que ha visto torear”. Me gusta el señorío torero de Córdoba; su seriedad y elegancia; qué maravilla arquitectónica la Mezquita; arcos perfectamente armoniosos como notas de un violín. Jaén,  la más próxima a Castilla la Nueva (perdón) Castilla la Mancha. Y para el final,  Almería, la más lejana en mi recuerdo, pero mi muy querido recuerdo por que ese viaje lo hice con mi mujer y mis padres, a quienes ya no les puedo besar.

Como en las películas por capítulos ¡seguirá!

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