EL NOMBER UAN-IL PADRINO AUN NO HA SIDO DETENIDO.
Las consecuencias no son fortuitas, ni las positivas ni las negativas, ambas aparecen por provocación, consciente o inconsciente; de buena o mala fe; también sin otro interés humano que el de enredar, y no por el curioso deseo de participar en algo; en la creación de algo; en el cuidado de algo; y hasta en la vigilancia de algo.
Esta entradilla pretende aclarar, a los culpables o beneméritos -según como lleguen- que ellas siempre vienen “cuando se las llama”.
¿Empezamos? “El cambio climático mata”. Esta gilipollez solamente se le podría haber ocurrido, porque llueve sobre mojado, a Pedro Sánchez –despistados sus ochocientos asesores no le habían escrito el guion y… como un “miura” se echó pa lante, sin sopesar la importancia de esas cuatro frases.
Esto, lo que se ve en torno a la vivienda, esa tremenda alfombra de matorrales de más de sesenta centímetros de altura y muy apretada, como se ve en la foto,
cubría los montes de Los Gallardos, no es el “cambio climático que mata”, excusa en la que se envuelve Sánchez; lo que mata como si salieran pistola en mano disparando a diestra y siniestra son él, y los políticos que, como él, tienen al Campo descuidado, sin la atención necesaria -para no llegar a sufrir la consecuencia, trece personas muertas-, que piden los técnicos.
Tan descuidado, según los técnicos, después de haber echado mano a la Ciencia, Pedro Sánchez tiene las carreteras, el ferrocarril y los embalses… las muerte en los trenes en Andalucía, las muertes en Valencia (la Dana) y las muertes en los Gallardos son las lógicas consecuencias de la actuación de Pedro Sánchez como presidente del gobierno de España.
El cambio climático es algo que de origen se da sobre la tierra y que últimamente -no lo sueltan de la mano-, los tiranos de siempre, “los dueños de todo”, incluyendo las bacterias y los virus asesinos, que lo utilizan en dosis científicamente estudiadas -ahora una dosis de cambio climático, después una dosis más amplia de los agujeros en la capa de ozono, ahora la suelta de un virus para que se airee-, tener a la muy inculta mayoría… y también al resto en acojonamiento constante. Una faena como otras muchas que logran sacar “al prójimo” del cerebro el recuerdo de que lleva dos años sin comer un buen filete de ternera… de como sabe la merluza “a la bilbaína” y que desde hace un año sólo saca el coche, si no es que lo ha vendido, los domingos.
Eloy R. Mirayo.
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