jueves, 5 de febrero de 2026

NO ES RACISMO, ES CABREO.

En España solamente en las Vascongadas, en Cataluña y otros pocos chalaos más, naturales de cualquiera de nuestros lugares patrios, existen quienes, desde la altura de la más florida gilipollez, quieren hacernos creer que son de “mejor leche”, que la leche de la que hemos sido hechos los demás, por tener detrás del nombre de pila ocho apellidos catalanes o vascos. Ese es el único racismo que existe en España. Ah, y no todos los vascos y catalanes de los ocho apellidos, y hasta de más, gente sana; sino que racistas solamente son los que están “invadidos” por tan estúpido gen.

Los españoles no somos racistas por muy aparente que -engañosa “evidencia”- se presente la situación escuchándosenos gritar a pleno pulmón: “me cago en la madre que parió a ese jodío negro, o moro, o chino, o paquistaní”. No es racismo, sino cabreo generado por algo malo que nos ha afectado, algo que nada tiene que ver con los colores de la piel porque, si el motivo del cabreo fuera realizado por alguien vestido de payaso, o fuera alguien vestido de bombero, o fuera un famoso deportista, o alguien bien vestido, muy arregladito él, o simplemente fuera un sobrinillo, hijo de nuestro más querido hermano, el apelativo “negro” y la “donación” de mierda a la madres, serían sustituidos por “payaso”, “bombero”, por el nombre del “figura”, o por “señorito”, o fuera el mismísimo “Rogelin”, ese es el nombre de mi muy querido sobrinito.

En estos momentos tan difíciles de vivir, totalmente preñados de dolorosas circunstancias contra quienes ni siquiera encontramos pie para poderlas discutir, con VOX, como única y última esperanza. ¡vale! ¿ya lo he dicho? Pero, es que eso es así.

No es racismo ¡joder!, es cabreo ante lo insólito. Tenemos mas de tres millones de parados y resulta que para el trabajo que se necesita hacer, hay que regular a cerca de un millón de extranjeros a los que ilegalmente se ha dejado entrar en España, tanto por el asqueroso rojerío, como por los igualmente asquerosa derechita cobarde. 

No es racismo, repito, sino temeroso cabreo viendo la cercanía de que la música española… ¡coño! Que no vamos a poder bailar las distintas jotas, la sardana, el chotis, la rumba, las sevillanas, 

y sea esto lo que Pedro Sánchez y su banda terminen por obligarnos a bailar, 

después de haberla concedido el mal oloroso honor de ser la nueva Música Nacional cuando el gobierno saque la cabeza. 


Eloy R. Mirayo.