Nunca jamás se me había ocurrido… ¿qué queréis? Yo fui uno de esos niños “de la guerra” con poquísimo movimiento cerebral -“el Régimen nos inoculaba fascismo neuronal al nacer,” eso decían los rojos escondidos en sus sucias ratoneras- que me siguió haciendo efecto –afiliado a Fuerza Nueva, Falange y Juntas Españolas- de adolescente y que, hasta el día de hoy -votante de VOX-, lo prometo, yo no he experimentado la más mínima señal que avisase de cambio alguno en mi intelecto… bueno, algo, algo… si, pero en todo caso, muy débil -vote a Alianza Popular en las primeras elecciones-. Debe ser por culpa de estar dañado por “el pérfido Régimen”, mi Lóbulo Temporal.
Ahí, en la foto me veis cómodo, aun con las muy visibles “circunstancias”. ¡Ya lo sé yo! Y seguro que pensáis que muy poco atractivo, también lo se.
El caso; el tema es que desde hace… más o menos siete años, me acompaña constantemente un olor a mierda recién puesta, y no son mis gases, que viene haciendo su presentación ante mí, en el segundo exacto en el que yo, aun en la cama, abro el ojo a instancias del despertador, y no se separa de mi olfato hasta que el sueño me rinde.
Esto tiene que tener -se me ocurrió pensar- un seguimiento científico/sanitario, milagro de ocurrencia después de tantísimos años, unos encima de otros hasta ochenta y siete, sin habérseme ocurrido la más pequeña brizna de ocurrencia-. Pedí cita en la Seguridad Social y después de unas cuantas huelgas de sanitarios un día, cuando ya tenía olvidada mi ocurrencia, recibí un sobre de la Seguridad Social y, con mi papelico en la mano me presenté en la consulta.
-¿A usted que le pasa?- me recibió la doctora.
-Vera usted, doctora, lo que me pasa es que durante todo el tiempo en el que estoy despierto, desde que abro el ojo, independientemente de donde me encuentre y de lo que esté haciendo, continuamente estoy oliendo a mierda recién puesta.
-A mierda recién puesta… Vamos a ver. Túmbese en la camilla. Abra la boca. Diga treinta y tres, hasta que le diga que pare.
-Treinta y tres, treinta y tres, treinta y tres, treinta y tres, trein…
-Vale, vale ¡vale yaaa coñooo! Tenga usted -me entregó un par de folios con movimientos gimnásticos- Empezando por el primero de los ejercicios, hasta el último hágame cinco interpretaciones…
-¿No podría usted hacerlas sola?
La contestación de la doctora, por si hay niños pequeños, la guardaré para mis adentros, y morirán conmigo. Claro que hice los ejercicios ¡y hasta me aplaudió! Es buena persona la doctora. El caso es que, al no encontrar anomalía orgánica, después de una extensa búsqueda, como… sin venir a cuento… me preguntó sin aparente interés que donde vivía. En Moncloa, conteste y…
-¿En la Moncloaaa? ¡Pobriño meu fillo!
-En Moncloa barrio -creí necesaria la explicación.
-¡Como no va a oler a mierda! Menos mal. A usted se le ha agarrado el olor de la parte baja, a la izquierda camino de la Puerta de Hierro.
¡Hasta a la POLICIA ESPAÑOLA la están llenando de mierda!
Eloy R. Mirayo.
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