Hace unos pocos días el presidente de este seudo gobierno (¡que tanto nos viene perjudicando a los españoles!, más a quienes menos tienen) -tal vez sería más identificable decirle, banda delictiva-, eufórico, quizás por impulsos etílicos (la Navidad tan cercana), u otro tipo de estimulantes, nos dijo a los españoles: “Este año tengo que decir que la economía no va como una moto. No, si me permiten el énfasis, la economía española va como un cohete”.
A Pedro Sánchez, el asesor más listillo, me cuentan, se lo escribió en grandes letras sobre el papel y las leyó en voz alta dos mil quinientas veces, de arriba, para abajo y de abajo para arriba, paseando por el pasillo de la Moncloa, hasta que fue capaz de repetir ese texto, en voz enérgica, sin la ayuda del papelico.
No te rías, tu… si, si, que te estoy viendo. Como si escuchar mentir al Sánchez fuera tan gracioso como un chiste de Leo Harlem.
No es gracioso lo que cada día se hace más doloroso y duro, obligados, impositivamente, y tratando de vencer con nuestro propio esfuerzo en el trabajo las consecuencias de sus mentiras.
Y es que es tan poderoso el impulso mentiroso que le domina que hasta estando solateras en el palacete de la Moncloa se dice a si mismo que va a trabajar al despacho a sacar adelante tantísimos asuntos importante para sus “intransigentes” gobernados, y a donde va es al Water Closet, a meneársela ante el espejo -la corbata-, que mirándosela cree tener la puntita torcida hacia la derecha. Y, es que se miente a si mismo creyéndose merecedor de ser reflejado su paso por la Tierra valorando su huella en las paginas del libro que recoge la Historia Mundial.
¡Que también es mentira! Si él llegara a entrar en la Historia Mundial lo haría como Aladdin volando en su falsísima alfombra del retrete, tejida con sus mentiras y los insultos de todo orden que generosamente le estamos dedicando a diario las personas decentes de este querido país que, Dios mediante, volverá pronto a decirse: España, mi patria.
Pero a pesar de todo, los españoles, a pesar de tener que aguantar a tan despreciable ciudadano, la gracia y el buen humor aun nos adorna:
-… Y tu ¿de que trabajas?
-Yo, trabajo de ratero.
-¡No jodas! ¿todos los días? ¿Nunca te ha pillado la policía?
-¿Por qué me va a pillar la policía?
- Jo, tío, me has dicho que eres un ratero…
-Si, por que trabajo un rato en una empresa, otro rato en otra empresa y así… voy tirando
Eloy R. Mirayo.
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