¡Venga ya, tíos jodidos...! A estas alturas del invierno; con un sol que hace crecer, como a los caracoles, los cuernos a todo el rojerío; cuando yo ya duermo sin manta en la cama, si, siii, sin la manta “caqui” con los colores rojo y gualda y sobre ellos el escudo con el águila de san Juan, ¡joder!
¿A quién queréis engañar con el cuento del 23-F, jodidas sabandijas? ¡Y es que hay que joderse! Mia tú que… ¿creerán que somos necios? ¡Eso lo serán sus padres! Y los amantes de sus madres.
Para los españoles contemporáneos al suceso que fuimos y seguimos siendo capaces de tener opinión hermanada con la lógica, está claro que “la trama del sainete”, una vez visto el final, fue un muy bien tejido libreto teatral.
Sinceramente creo que se debió aplaudir al autor en el momento. (Pero ¡qué va! Si es que son los mismos que dicen derretirse leyendo a Shakespeare).
Yo cerré mi negocio y me fui a la antigua Sede Nacional de Fuerza Nueva, a reunirme con mis camaradas del distrito Ciudad Lineal-San Blas -había muchos más-, esperando por si llegado “el momento” fuésemos necesarios a España.
Allí, con la compañía de tele y radio todo el acontecimiento parecía de verdad. ¡Un auténtico Golpe de Estado! ¡chúpate esa mandarina, coleguilla! A mí, lo reconozco, me la dieron de a kilo, y… es que yo vi a militares entrando en Televisión Española y en Radio Nacional con las armas, las que hacen pupa, en la mano. Resultaba todo tan de manual… hasta que a las once, más o menos, al contemplar como los militares que habían tomado la televisión y la radio -cuando se tienen son goles a favor- se iban de esos puntos tan estratégicos, sin dejar el “obligado” retén de la noche, el aroma del cocido cambió a la peste del rendimiento incondicional por la casi -Antonio Tejero, no- totalidad del elenco golpista de la “obra”. ¡Ah! Sin una sola víctima. Reafirmándose con el frenazo y marcha atrás del general Milans del Bosch, guerrr, guerrr… Que lástima la ocasión perdida de acabar con la incipiente presencia de unas pocas células cancerígenas -la recién parida Democracia- convertidas en sucesivos crecimientos en este malísimo cáncer de múltiples metástasis al que se nos obliga a respetar, a soportar y a financiar sus vicios alcohol, sexo y sus drogodependencias.
¿Queee? El final… el final ¿de qué? Del 23-F… ¿del 23-F? pero si quedó claro, el asunto es que unos cuantos cobardes traicioneros, sin excusar a nadie, una vez muerto Franco, a su EJERCITO, militares forjados a vida o muerte contra el moro, lo convirtieron en el “Coco” de su escaso valor, democrático, eso sí, por lo que todos unidos, rojos de variada intensidad y ex azules decidieron su destrucción desde la más asquerosa traición. ¿no es
verdad, don J C, B y B? y había que ridiculizarlo. Y así, el nuevo ejército se formaría, no por patriotas, sino por funcionarios.
Eloy R. Mirayo.